En esa búsqueda, me topé con el genial "Diarios de bicicleta" de David Byrne.
Para los que no saben, Byrne, además de ser una figura trascendental para la música pop de varias décadas, destacado artista plástico y multimedial, es un tipo que anda en bici por la vida. En la ciudad donde reside habitualmente, Nueva York, y en cada ciudad a la que visita con sus presentaciones, David anda con su bici plegable de acá para allá. Como en una especie de estudio antropológico en movimiento, el músico recorre y conoce las comunidades, su gente, sus historias, su música, sus costumbres, desde un punto de vista y alcance distinto al que ofrecen los clásicos medios de transporte.
Así se engendró este libro, en el que el mentor de Talking Heads, relata sus observaciones y vivencias en lugares tan atractivos y disímiles como Berlín, Sydney, Manila, Londres y hasta Buenos Aires.
Por mi parte, aunque no diga nada nuevo, creo que una innegable realidad nos sacude: el automóvil, el uso desmedido e inconsciente que de él hacemos, como toda la cultura que lo rodea -además de otros hábitos suicidas que fuimos desarrollando- generaron daños irreversibles al medio ambiente. Algo tiene que cambiar, y sin dudas es nuestra actitud.
La actual y demente guerra por el petróleo, desatada por intereses y capitales inconmensurables como la ambición y codicia que pone en juego, tan lejana que parecía, ahora afecta a nuestro país. Y aunque se levante la bandera de defensa de los recursos naturales, todos sabemos que a los dirigentes políticos -del mundo entero- les importa más el dinero, y el poder que este otorga. El petróleo algún día se acabará, y aunque quizás no lleguemos a vivirlo nosotros, sería importante que pensemos en quienes nos continúan, y en algo que todavía estamos a tiempo de dejar como herencia: amor por la vida y costumbres más sanas y felices, con las que se desarrollen piernas fuertes, para caminar, correr o pedalear. Y de paso, como dice David, "una sonrisa gigante en la cara".
















